
Estimado lector. Mi nombre es Diego Mendoza, vivo en Arribeños. Agradeciendo el espacio otorgado por este diario, intentaré hacer unas reflexiones filosóficas, usando la herramienta que nos provee el arte en general y la literatura fantástica para el análisis de nuestra cotidianidad. En esta ocasión usaremos el argumento de la película que puede encontrarse fácilmente en youtube, Mi amigo Adolf.
Cuando conocemos algo no somos supersticiosos; la superstición aparece cuando ignoramos lo que está sucediendo. Si nos dicen que los extraterrestres existen pero no los vemos, podemos confirmar que no existen, al menos hasta el día en que se nos presente un ser no terrestre y nos confiese que es de otra dimensión. Por el momento, las fotos borroneadas y los videos confusos que muestran por internet siguen sin convencer. ¿Le creeríamos a un humano que dice ser un therian pero que tiene forma de humano?
En la película Mi amigo Adolf, un húngaro y unnacionalsocialista se encuentran en Chile luego de la Gran Guerra, como vecinos de casa. Uno se esconde para no ser reconocido y el otro lo espía porque le ve cara conocida. Es difícil saber la historia ocurrida de las dos guerras que sobrevinieron luego de la creación del cinematógrafo. No es difícil suponer que la Gran Guerra tenga mucho de dudosos hechos. ¡Cuánto más nuestras independencias y colonizaciones! El Hitler de la película Mi amigo Adolf es una especie de “extra”, y asegura que hubo muchos como él disfrazados del Führer, lo que multiplicaba su presenciaen plena guerra. Los vecinos, en aparente estado de enemistad, terminaron juntos, siendo amigos y pareciéndose. Es extraño el humano, como en la narración de Conan Doyle Escándalo en Bohemia, que asoció la disolución de Austria con un petardo (como los fuegos de artificio que se tiran en Navidad) y algunos actores cómplices, como el párroco fiel buscando un testigo (que es Sherlock Holmes) para casar de urgencia y en secreto a Irene Adler con Godfrey Norton.
A mí Jorge L. Borges nunca me falla, y fue mi Prometeo y me fascinó al leer su cuento sobre Juan Muraña: Los del velorio nos convidaron con café y yo tomé una taza. En el cajón había una figura de cera en lugar del muerto. Comenté el hecho con mi madre; uno de los funebreros se rió y me aclaró que esa figura con ropa negra era el señor Luchessi. Me quedé como fascinado, mirándolo. Mi madre tuvo que tirarme del brazo.
A mí me parece que Juan Muraña no es menos fantástico que el Escandalo en Bohemia, o esos relatos quedescriben a seres invisibles, a menudo asociados a pactos Mágicos, que lanzan piedras a las casas y hacen ruidos para asustar al humano y causarle posible trastornos psicológicos.
Ernest Hoffmann escribió el cuento El hombre de la arena, en el que a las nueve de la noche solía aparecer un ser de nombre Coppello y que gustaba divertirse con los chicos arrancándoles los ojos. Venía de la luna o se los llevaba a la luna. La leyenda del jinete de Sleepy Hollowes otro relato de W. Irving y cuenta la aparición nocturna de un hombre descabezado montado a caballo y asustando a las personas de esa región fantástica y espectral. A los niños, si se les asusta con el hombre de la bolsa, se lo creen y luego andan atemorizados y quién sabe si no generan algunos trastornos con los años. Hay un caso clínico de un adulto que padecía de una ansiedad extrema cuando tenía que cruzar una calle a altas horas de la noche, y la causa estaba en que cuando era niño le habían prohibido salir a la calle al oscurecer porque andaba un monstruo devorador de pequeños. El Cielo y el Infierno están precedidos por innumerables leyendas antiguas y llevadas al extremo desde la edad media. Solo una mente mal intencionada pudo concebir semejantes historias.
Para finalizar y asociándolo con el segundo párrafo donde menciono a los therian, ¿alguna vez alguien se creerá ser un pájaro para verlo arrojarse de un rascacielos y volar? ¿O que alguno se crea un pez, y sin traje de buzo, se sumerja en el mar durante una hora sin asomar su nariza la superficie? Podemos estar confiados que este tipo de transformaciones no sucederán, porque la mente podrá tener una parte inconsciente, pero jamás será tonta.
Diego Mendoza.



