Comienzan las clases, un nuevo ciclo escolar se inicia y con él, las oportunidades de vivir nuevas experiencias, adquirir conocimientos, entablar otras relaciones.
Así también, en vísperas de esta fecha, aparecen numerosas publicaciones que ilustran cómo eran las clases en otros tiempos y cómo se acompañaba ese proceso desde el contexto social, familiar, escolar.
Es justo recordar que, en el año 1923, las docentes que aspiraban a ejercer como maestras debían firmar un contrato de trabajo, donde, entre otros puntos, se acordaba no casarse, no andar en compañía de hombres, no fumar, no beber vino ni cerveza ni whisky, no teñirse el pelo, no maquillarse ni pintarse los labios, etc. etc.
Como Ud. comprenderá, estimado lector, si estas fueran exigencias actuales, dudo de que algún docente se presentara a su cargo.
Pero muchos años han pasado y el cambio hace de las suyas.
Tomo aquí la frase del filósofo Epicteto, quien 1800 años atrás dijo: “El error del anciano es que pretende enjuiciar el hoy con el criterio del ayer”.
Se trata, entonces, de pensar y analizar las transformaciones históricas en el papel de la educación, en la misión de la escuela y en el rol del docente.
De una escuela que era independiente de problemáticas externas y con un fuerte protagonismo pedagógico, donde no nos preguntábamos cuál era la estrategia para aprender, pero aprendíamos, pasamos a una escuela atravesada por variables sociales, económicas, familiares, etc.
De un docente con vocación, casi venerado, similar a un apostolado y con fuerte apoyo familiar, se ha pasado a un docente, profesional de la educación, que luego de formarse en una carrera de aproximadamente cinco años, debe enfrentar todos los días la cotidianeidad de los tiempos en que vivimos. Cabe agregar, muchas veces en soledad, siendo que no es psicólogo, ni asistente social ni consejero familiar, restándole tiempo a la hermosa tarea para la que él se formó.
Como en todos los órdenes de la vida, debemos aceptar que vivimos una época diferente, con aspectos positivos y otros, tal vez, no. Respetando la brevedad de esta nota, no me voy a detener a analizar los signos de esta era, por todos conocidos, pero sí, personalmente, quisiera expresar que hay situaciones que no se negocian, como el respeto, el orden, la solidaridad, la empatía, la libertad con los límites necesarios…
Bienvenidos los cambios, ocasión para reflexionar sobre qué valor le asignamos a la educación y cómo acompañamos este proceso, donde todos estamos comprometidos.
Recordar: “La escuela sola no puede, pero sin escuela nada se logra”.
Prof. Olga Beatriz Barra
Marzo 2026




