La película de hoy es “Historia de un crimen”, basada en el hecho real de “El caso Collini”. Al igual que la novela “El túnel” de Ernesto Sábato, la película inicia con la confesión de asesinato. Fabrizio Collini es enjuiciado por matar al empresario Jean-Baptiste Meyer. Pero contemos un poco su argumento, ya que esta película puede ser vista en youtube.
El abogado Caspar Leinen, defensor de Fabrizio Collini, hace el descubrimiento más espantoso que imaginarse pueda. En el año 1943, pleno auge nazi, el padre de Fabrizio Collini es asesinado por Hans Meyer, un jefe nazioficial de la SS que, a su vez, lo adopta porque era un niño. En la mayoría de edad, Fabrizio Collini se va de la casa del jefe nazi que lo adoptó, y en el año 1968 presenta una queja en los tribunales alemanes para enjuiciar al jefe nazi que lo adoptó, Hans Meyer. Muy rápidamente, la Justicia decide emitir una Ley indicando que los jefes nazis serían condenados como homicidas y no como criminales, lo que les valía solamente veinte años de condena. De modo que la queja presentada por el abogado de Fabrizio no tendría efecto, porque la Ley decía que ese crimen de guerra, ahora un homicidio, había prescrito.
Vayamos al año 1941. En ese año Hans Meyer había muerto; en el año 1943 ese mismo Hans Meyer estaba vivo y era jefe nazi oficial de la SS. Manda asesinar al padre de Fabrizio Collini, adopta a Fabrizio (ya huérfano), y en el año 2001, ya avanzado en edad, era un empresario exitoso. No sé si el lector sigue lo que trato de decir, pero lo diré abiertamente sin ocultaciones: se crearon dos historias universales. Jean-Baptiste Meyer es Hans Meyer, jefe nazi en el año 1943, y muerto dos años antes en 1941. Y Fabrizio Collini lo mata para vengar a su padre verdadero. Es encarcelado, llevado a juicio, y cuando todo indicaba que sería condenado, su abogado Caspar Leinen, descubre la “irregularidad” legal del año 1968. Pocas veces se me heló la sangre con un final de una película como lo sucedido en esta. Final inesperado, pero a qué negarlo, absolutamente lógico. “Hay ciertos secretos que no se dejan expresar”, escribió Edgar Poe.
Pedro Damián, en la batalla de Masoller que contó Borges, también eran dos. Una versión lo da muerto en batalla como un héroe, y otra versión de Pedro Damián cobarde y retirado de la guerra, dedicado a los negocios. Cito a Borges: “Modificar no es modificar un solo hecho; es anular sus consecuencias, que tienden a ser infinitas. En la primera (digamos), Pedro Damián murió en Entre Ríos, en 1946; en la segunda, en Masoller, en 1904. He adivinado y registrado un proceso no accesible a los hombres, una suerte de escándalo de la razón.”
El año pasado se estrenó la película “Argentina, 1985”, allende la temática del golpe militar, parece una película de humor, en la que el fiscal Julio Strassera junta un par de jóvenes inexpertos para reunir pruebas y enjuiciar a los Militares de la última dictadura. La madre de Luis Molina Ocampo, ayudante de fiscal Julio Strassera, es amiga del dictador Videla. Las declaraciones de los testigos parecen tender a lo cómico, más aún considerando que un niño y un director de teatro le ayudan Julio Strassera a escribir sualegato, presionado también por Bruzzo que hace de mediador entre la Justicia y el gobierno de Raúl Alfonsín.
Baste decir que en la época de auge nazi existía una firme aunque oculta creencia en las doctrinas de la metempsicosis o reencarnaciones del alma. Nada diré de las doctrinas mismas, de su falsedad o su probabilidad, aunque pienso que se trata de teósofos delirantes rescatando ideas antiguas y haciendo una mezcla intolerable como Lafayette Ron Hubbard dedicado a la cienciología y ocultismo nazi. Al respecto, ya escribió sobre eso Roberto Arl un ensayo “Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires”. Pero como el tiempo se repite, hoy nuevamente está de moda e intensificado con la llegada entes extraterrestre. Los buenos días ya quedaron atrás de los slogans vacíos y oscuras expresiones ideológicas penetrando en todos los ámbitos, e impregnando las mentes de ideologías o logias, simulando un brutal juego del que hay que reírse y dejar de tomarse en serio al Fantasma disfrazado que sólo aterra y ama mentir multiplicándose hasta el infinito.
Diego Mendoza, Arribeños.




