
Paul Giamatti, de la película mencionada en el anterior artículo “Almas Congeladas: Parte 1” anda sin alma durante gran parte del rodaje, y vive igual, pero sin sentimientos, hasta diría “más suelto”. Empiezan sus problemas de pareja, quien lo siente más frío y distante. Se asusta ante ese vacío propio de no tener en qué creer, de no tener a quién querer. Herman Hesse escribió “quería tan sólo intentar vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mí. ¿Por qué había de serme tan difícil?” Paul Giamatti en ese intento de pretender vivir espontáneamente quería ser un poeta ruso, quería ser Shakespeare, quería ser un filósofo alemán, y para lograrlo, a través de su Dr Flintstein, contacta con Nina, una rusa Traficante de Almas del mercado de Estados Unidos y Rusia, para que lo ayude a recuperar Su Alma.
Pensé que podría tratarse de un mensaje de un mundo plástico, el embarazo plástico. La fecundación no natural y la “homogeneización social”. ¿Las concepciones futuras serán naturales, híbridas o, finalmente, artificiales: enfriamiento absoluto del alma, como un vampiro, un fantasma, un demonio, la Criatura de Frankestein o incluso un asesino? Un palmo más (o uno menos) puede modificar el desenlace de una criatura, una irrupción de nuestros miedos irracionales y primitivos, como los que teníamos cuando éramos niños y no sabíamos exactamente qué cosas extrañas podían acecharnos en la oscuridad. Hace siglos que la Ciencia busca dar con el gen del “hombre blanco”, y para eso es su aplicación de tanta experimentación. ¿Quién sabe cómo se genera la vida y por qué morimos?
Desde la novela “Fausto” de Goethe, bastante se escribió sobre el alma y el Mal, la clasificación de las especies de Darwin, las Revoluciones por la Liberación e Independencias, las dos grandes guerras del siglo pasado y lo que nos toca en este Caótico presente desde el año 2020. Particularmente, pienso que si no vivimos, al menos una tercera parte de nuestro día, dedicado a Nuestra Propia Alma haciendo lo que realmente nos gusta, es como vivir el escalofrío de arrastrar con un alma ajena. Existe un momento insoportable, un punto de máximo cansancio en el que no hay retorno.
Dice Haley desde el hospital, luego de haber visto con horror al científico Moxon jugar al ajedrez contra un autómata que había creado:
“–SEÑOR HALEY, DIOS LO BENDIGA POR ESO. ¿USTED RESCATÓ TAMBIÉN AL ENCANTADOR PRODUCTO DE SU HABILIDAD, EL JUGADOR DE AJEDREZ AUTÓMATA QUE ASESINÓ A SU INVENTOR? ¿USTED LO SABE TODO?
–SÍ –REPLICÓ HALEY–, VI CÓMO ESTRANGULABA A MOXON.
Diego Mendoza. Arribeños.




