
El preguntar es una actividad inherente al ser humano: desde que somos pequeños y a lo largo de nuestra existencia, nos surgen preguntas que se corresponden con la edad, situación familiar y social, etc. Es así que, desde la más elemental, por ejemplo, ¿Cómo nací? o ¿Por qué nos enamoramos? pasamos a otras, ¿Cómo sigue la vida después de que nuestros hijos crecen? o, más cerca en el tiempo, ¿Cómo se hace para llegar a fin de mes? Tal vez en varias encontremos respuestas o solo busquemos la alternativa que satisfaga esa necesidad.
Pero, más allá de la simplicidad de algunas, surgen otras que, por su profundidad, conforman nuestra identidad cultural. Tal es el caso de:
Con respecto a la primera, es inevitable mencionar a los griegos. La cultura griega, pensadores por excelencia, descubrieron tantas respuestas que dieron origen a conocimientos científicos que llegaron hasta nuestros días.
Hace un tiempo tuve la oportunidad de visitar Grecia y, si bien ya no es “la sonrisa de la Antigüedad” como se la consideró y está hoy apagada por crisis económica y política, migrantes, etc. conserva intactos algunos rasgos que la hicieron sobresalir.
Así pude comprobar: lo apacible del clima, una primavera eterna que favorecía las reuniones al aire libreo en el ágora (plaza) disfrutando del arte de conversar, atardeceres donde el mar y el cielo se confundían, amabilidad de sus habitantes,espíritu inquisidor, ávidos de saber, no necesitando de lujos o superficialidades, porque su prioridad pasaba por otros valores, un mar que los rodea, el mismo que antaño les permitió, aun sin brújula, navegar y tomar contacto con otras culturas, viñedos con buen vino, plantaciones de olivos de apetitosas aceitunas, el gusto por la buena comida o el placer de una siesta.
Grecia, Cuna de la Filosofía, es un teatro al aire libre, donde la estética, el arte, la música, la democracia, se manifiestan en cada obra.
Por eso, me parece bueno bucear en culturas pasadas que tanto nos han legado. Piense usted, lector, cuántos de estos rasgos nosotros reproducimos, además de otras civilizaciones que nos enriquecieron con sus aportes.
Con respecto a la segunda pregunta, no conozco la respuesta.
Observo alternativas entres situaciones dilemáticas, pues, mientras algunos pensadores debaten sobre el avance del humanoide, el robot, la inteligencia artificial, la tecnología, las consecuencias de las guerras; otros prefieren poner el acento en la esencia humana, la capacidad de elegir, amar, pensar por cuenta propia o el poder de un abrazo solidario.
Solo el devenir del tiempo iluminará una solución mientrasnosotros seguiremos sobreviviendo, ejercitando el pensamiento inquisidor, anhelando que el futuro sea mejor que el presente.
Cito aquí a Eugene Ionesco: “No es la respuesta lo que ilumina; sino la pregunta”.
Posiblemente, usted tenga ya una respuesta, y, en ese caso, sería bueno compartirla.
¿Qué le parece?
Prof. Olga Beatriz Barra


