Seguramente pensarán que el huevo o la gallina responden a la pregunta qué se creó primero, si el huevo o la gallina. Muy bien: de eso se trata este artículo. Los “evolucionistas” dirán que primero fue el huevo y luego sus crías. Los “creacionistas” dirán que primero fue la gallina y luego sus huevos, y luego sus crías. A simple vista pareciera que el creacionismo tiene mejor posición frente al evolucionismo, pero tal vez no, porque tal vez la creación es una sugestión psicológica para justificar la construcción de templos y el diezmo o la propina para el mozo. ¿Pero y entonces quién puso el huevo, señor, para que evolucione? Ciertamente, no lo sé, y me arriesgaría a confirmar que nadie lo sabe.
Tendemos, como mínimo, a considerar que somos hijos de la Voluntad de Dios, y como cualquiera que haya ojeado una biblia leerá que Dios hizo del barro a Adán juntando polvo y echándole en la boca su aliento de vida, para luego pasearse desnudo en la frescura del jardín (on the cool thegarden, escriben los teólogos ingleses. Yo no sé inglés). En idioma hebrero (ojo, yo no sé nada del idioma hebreo), Eva significa Simio o Serpiente. El darwinismo científico dice que somos una descendencia (sutilmente) modificada del simio. Probablemente, Eva fue una chimpancés que recibió la bendición de Adán, multiplicando las bendiciones (incluso a sus descendientes, no existía Ley ni la moral), hasta llegar a la perfecta sociedad científica de nuestros días. Los musulmanes dicen que “El Corán” es uno de los atributos de Alá. La tradición de la India dice que Dios creó al mundo de la nada (creatio exnihilo, del latín, tampoco sé latín, un poco de italiano a lo sumo, sí.) Pero seguimos sin resolver nuestro problema cosmológico, por más culturas que cite y agregar a los egipcios.
René de Chateaubriand formuló una tesis consistente en lo insípido e irrisorio de un primer día de la Creación, poblado de pichones, de larvas, de cachorros y de semillas. Lo cito en francés, aclaro que yo no sé francés: Sans une vieillesse originaire, la nature dans son innocence eût étémoins belle qu’elle ne l’est aujourd’hui dans sa corruption.Parece sensato, por lo menos es estético y no sacado de un laboratorio entre frascos y líquidos peligrosos.
Cuando la teología era una pasión popular, hace muchos siglos, nos cuenta San Ireneo que los hebreos se adjudicaban la tenencia del planeta por la gracia de su dios “Tetragrámaton YHWH” conocido popularmente como Jehová. En ese mismo momento histórico, surge otra facción teológica llamados “gnósticos”, y eran contrarios a los hebreos, y decían que Jehová era un dios menor o Ángel Caído, y que el verdadero dios es el “Incognoscible”, de nombre Abraxas, con cabeza de Gallo. Y agregan los gnósticos que Jehová tiene preso a la humanidad en su Cubo Tetragrámaton bajo un hechizo de infinitas reencarnaciones, como también alega el hinduismo. Estos gnósticos afirman que la diosa Achamoto Pistis Sofía tuvo con una Sombra dos hijos, uno es el fundador del mundo y el otro el diablo: materia y mente, y el humano quedó atrapado en un cuerpo y en una mente. Psicofísico.
Pasaron los siglos y estos dos antagonistas siguen sin encontrarse como la Luz y la Oscuridad, como bien lo atestigua la dualidad derecha / izquierda de los partidos políticos. También, sin dudas, la versión gnóstica del mundo no ha cundido en la sociedad porque muy pocos son los que saben de ella, lo que no significa que sea una verdad oculta. Para mí, ambas cosmologías se complementan y no se anulan.
Dice San Ireneo que Jesús apareció a los latigazos, y dijo:“Ni Cubo ni el Gallo. No molesten a las Humanos con rivalidades teológicas ni condenas o recompensas eternas inexistentes. O recibirán la visita de Kirschwasser.”
Diego Mendoza, Arribeños.


